jueves, 17 de marzo de 2011

Los Golondrinos

El éxodo empieza en busca de horizontes; una pequeña Ley de pueblo y un proverbio chino, menciona: “Ámame cuando menos lo merezca, porque es cuando más lo necesito”. He allí una mezcla entre esperanza y sentimiento.
Las personas que emigraron en algún momento de su vida, su éxodo propio, encontraron en nuestra ciudad lo que ojos buscavidas, Principales Guacamayos, como en el Popol Vuh, jamás vieron y enorgullecían de su mediocridad entre el vasto bosque vacío de creación. Mientras se alimentaban y alimentan diariamente, sin razón ni sentido, del árbol Byrsonia, que es nuestro Ayacucho.
Vinieron algunos golondrinos, no sé si con alguna intención o hayan sido regidos por el viento, para descansar su viaje y anclar garras en nuestra ciudad, convivir entre nosotros, comer nuestra comida, enmarañarse entre nuestra gente hasta amar nuestra tierra, compartir nuestro sueño, hacerlos suyos hasta soñar con ellos.
Me refiero a cuatro personas: Josué Araujo Hinostroza, Ricardo Ríos Arias, Efraín Rojas, Cayo Medina. Cuatro poetas que si bien no revolucionaron desde sus cimientos a la poesía ayacuchana, dieron con su trabajo un pequeño giro sobre la visión en la poesía. Tal vez, pecando en adulación, sea una piedra angular para entender qué es poesía. Sea el inicio de una nueva corriente generacional, serán los proyectiles que golpeen las quijadas de los Guacamayos, quienes por mero egoísmo enseñan la espalda a toda corriente nueva.
Desde éste lado quiero agradecer su trabajo.

3 comentarios:

  1. no vaya usted a kaer en esa hipokrita koperativa de elogios multiples.... si alguien merece algo en esta vida... el tiempo se lo dará.

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  2. Bueno... espero no hacerlo, y si pasa eso estarán los golpes de mi conciencia para que corrija y escriba el perdón con sangre.

    Sin embargo, el tiempo parece que se ha estancado en dar lo que se merece al quien se debiera. Creo que es momento de revisar los engranajes del reloj.

    Salu2.

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  3. Bueno, bueno, a mi no me gusta para nada que metas en un mismo costal con Cayo, la verdad, pero pienso que sólo has dicho lo justo.
    Tú sabes que me molestan los elogios gratuitos, porque son una manera de mantener la mediocridad, pero cuando alguien hace algo bueno también hay que decírselo, sin que eso nos cree algún cargo de conciencia.
    Tenemos que dejar ya ese prurito de sentirnos culpables de todo y siempre a la defensiva como perros sin dueño.
    Un abrazo, Ricardo

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